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14 abr. 2011

La lógica y la ética del abogado

PUBLICADO POR: Eduardo Mariano


“El abogado es un charlatán, tramposo y chapucero que trata de enredar a sus clientes, al Juez y al adversario con un lenguaje que no es fácil de entender”. Así se presenta antes nuestra sociedad a los miembros de nuestra noble profesión. Resumidos todos los criterios en contra en una sola frase “Abogado y no ladrón, digno es de admiración”.

Hay que reconocer que existen abogados inmorales y carentes de toda lógica. Como en todas las profesiones, en la abogacía se encuentran personas que abusan de la actividad que desempeñan. Pero afortunadamente, las excepciones no son pocas (entre las cuales nos incluimos todos los integrantes del Bufete Jurídico Asistencial de la Facultad de Derecho, por supuesto).

Todo el derecho está mezclado en la lógica o arte de pensar; la norma jurídica nace como un “ordenamiento de la razón”; y se aplica al destinatario a través de un juicio proyectado en forma de silogismo. Abogado que no piensa, que no tiene ideas, que no formula juicios y no estructura silogismos, no puede llamarse abogado y apenas se le podría llamar ser humano, toda vez que el hombre es un animal racional, un ser pensante”. Es evidente entonces, que la lógica y el derecho están íntimamente unidos, al grado de que el derecho adopta la estructura de la lógica para su estructura, pero esto no significa que el derecho sea solamente una estructura lógica, como lo dicen los formalistas del derecho. Es aquí donde entra la ética en el derecho.

La Ética o Filosofía moral es la “ciencia que trata de la rectitud (bondad o malicia) de los actos humanos”. La moralidad es la cualidad que tienes las acciones humanas en cuanto sean parte de la libre voluntad y con miras a un fin. Son buenos o malos los actos que realice cada persona mientras sea libre y si le convenga o no. El abogado como hombre de ley debe procurar con su conducta la realización de la justicia como criterio, en la justicia como virtud, como hábito operativo bueno.

Aunque es verdad que una golondrina no hace verano, también es verdad que las irresponsabilidades por parte de miembros de abogados y sobre todo si son muy repetidas acaban proyectando desprestigio a toda la profesión. No podemos esperar que la sociedad tenga una gran estima para con los abogados si los mismos abogados no se comportan conforme a los ideales que la profesión les exige.

Sin justicia no se puede vivir. Es algo tan esencial como el aire que respira. Antes de concluir cito al gran filósofo-jurista Villoro Toranzo:

“El derecho es el mínimo de amor exigido en la sociedad. En efecto, es a partir del amor como aparece la justicia. En últimos término ni la razón ni la experiencia tienen la clave de lo justo y del derecho. Esa clave la tiene el amor. El amor no debe ser confundido con la emotividad, aunque la emotividad puede acompañar al derecho. El amor es la dimensión por excelencia del ser humano y como tal como tal, lejos de oponerse a la razón, es una actitud meramente racional. El amor permite al ser humano abrirse absolutamente y por esa abertura imprime en el ser humano una dignidad de que carecen otras especies animales. La fórmula de Aristóteles del ser humano como “animal racional” debe ser completada con la fórmula de “un animal capaz de amar”. En la realización del poder amar reside la grandeza del ser humano, lo que justifica su existencia y su poderío. Sin amor nos rebajamos al nivel de brutos. Con amor, damos sentido a nuestra vida y al derecho. Todo esfuerzo por explicar el derecho como orden racional o como producto de fuerzas históricas será incompleto, porque le falta lo más importante, que es su inspiración en la justicia, lo cual a su vez, no es más que una forma de amor, al caer la tarde de nuestros días, seremos juzgados sobre la medida de nuestro amor para con los demás”.

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